Ser un hombre-lobo no había sido tarea fácil hasta ahora. Era famoso en el mundo mágico por mis padres, un hombre-lobo y una vampiresa que se casaron contra la ley y tuvieron dos hijos gemelos a los que llamaron Alexander y Oliver, el primero de naturaleza lobuna y el segundo de naturaleza vampírica. Criaron a Danny por su necesidad de sangre pero en cambio, a mí, me dieron en adopción y fui criado por Margaret y Anthony Stevens, hasta que, en mi primera transformación, acabaron muertos.
Poco después conocí a Isaac, el jefe de la manada de la residencia Moonlight, cerca de Nueva York. Allí conocí a Kyle y Mia, mis compañeros de habitación, a Melanie, una de las muchas chicas que estaban enamoradas de mi en la residencia, claro que tampoco puedo olvidar mencionar a Jason, un chico que había roto más de una pierna. Dos meses llevaba viviendo allí, supongo que ya lo consideraba mi hogar.
- ¡Alec arriba! - me zarandeó Kyle con impaciencia - ¡Como no te levantes te juro que te tiro encima un cubo de agua! - entreabro los ojos y allí está él me mira con unos ojos verdes llenos de vida y el cabello castaño le caía sobre los ojos, debería cortarse el pelo.
- ¿Que quieres pesado? - me quejé medio dormido procurando no cerrar los ojos.- estaba durmiendo - el chico sonrió y me entregó un trozo de papel cuidadosamente doblado en un principio, pero al parecer después habían arrugado, cosas de Kyle - ¿Qué es esto?
- Lee, es de Melanie - en el papel se podía leer mi nombre con una letra que obviamente no era de Kyle.
Abrí el trozo de papel y comencé a leer:
Para Alec Mckenzie,
Alec, me lo pasé muy bien el otro día en el jardín y cuando fuimos de caza, ¿Te apetece comer conmigo? Tengo que hablar contigo. Te espero a las dos en el jardín, no me falles. Un beso,
Melanie.
- ¿A qué viene tanto alboroto? - era Mia al salir del baño con el uniforme azul puesto.
- Alec va a... - al ver mi rostro comprendió que por ahora no dijese nada- a... desayunar y le estoy diciendo que ya almuerce, es casi mediodía. Pero parece ser que no puede vivir sin sus cereales.
- No creo que a estas horas haya cereales en el comedor - dice Mía sin mucho convencimiento de lo que le está contando Kyle.
- Es lo que yo digo - dice Kyle sonriente, parece orgulloso de su excusa.
Casi mediodía... Miro el reloj de la pared y marca las dos menos cuarto. Me levanto tan rápido que casi me choco contra la litera de arriba y me bajo tan rápido de la cama como puedo. La habitación tenía el suelo de parqué marrón claro, las paredes de color blanco llenos de pósters y fotos de Mia y Kyle, además de alguna que otra mía. Era una habitación cuadrada con dos literas en las paredes de los lados y en la pared que estaba frente a la puerta un escritorio con un televisor algo antiguo y la xbox de Kyle. Había otra puerta que daba al cuarto de baño. Junto a la puerta había cuatro armarios individuales algo pequeños dónde cada uno guardaba sus cosas aunque, cómo había un hueco libre en nuestra habitación, uno de los armarios lo utilizábamos para las cosas que no entraban ni en nuestros respectivos armarios ni en lo baúles de bajo la cama.
Cogí una camisa blanca que resaltaba mi piel morena y unos vaqueros algo desgastados. Mi pelo siempre quedaba alborotado, pero no le daba importancia, y las chicas, al parecer, tampoco. Miré el reloj, cinco minutos, lo justo para ponerme los zapatos y salir corriendo hacia el jardín, todo verde con caminos de una piedra blanca a llevaba a una fuente central y, bordeando los caminos, había bancos de piedra con multitud de gente que cuchicheaban a mi paso. Sonreí para mis adentros. Últimamente era el centro de atención y, por qué no decirlo, me encantaba serlo. Me acerqué a la fuente y divisé a una chica rubia, con el pelo ondulado y enormes ojos que eran puro verde. Su tez era casi translúcida y todavía se la veía mas blanca con aquel vestido celeste de tirantes. Bajó la mirada en cuanto me vio y se sonrojó, al ser tan pálida no podía ocultarlo. Era obvio que creía que no iba a ir. Cuando hube llegado abrió sus prominentes ojos, a diferencia de los míos los suyos desplegaban luz, no oscuridad, al igual que mi cabello.
- Pensé que no ibas a venir... - sonreí, había acertado.
- Bueno pues estoy aquí - una sonrisa tranquilizadora y amable curvó mi rostro.
- ¿Comemos? - preguntó señalando una cesta que estaba apoyada en el borde de la fuente. Asentí.
- ¿De qué querías hablarme? - dije mientras probaba un sándwich de atún. Delicioso.
- Yo... Bueno... - se puso roja mientras pelaba una manzana - quería decirte... Que me gustas. - me atraganté con el atún - supongo que no es nada nuevo ¿No? Además seguro que tienes una novia preciosa que...
- Melanie, ¿A caso no te das cuenta que resaltas sobre todas las demás chicas de la residencia...?
- ¡Sr Mckenzie! - Una voz grave y enfadada resonaba al otro lado del jardín, oh, no, Isaac. Avanzaba hacia nosotros y en nada de tiempo ya estaba frente a mi. - ¿Qué te dijo el señor Gilligan?
- Que descansara y no saliera de la habitación en unos días, la condición para dejarme salir de la enfermería - contesté con desgana medio tumbado en el césped aún con el sándwich de atún en la mano.
- ¿Y qué haces que no estás en tu habitación?- me quedé pensativo.
- Han pasado dos días, eso son unos días - en ese momento me taladró con su oscura mirada.
- ¡A tu habitación hasta que el doctor diga lo contrario! - Se me quedó mirando un segundo. - ¿Es eso un sándwich de atún? - asentí - ¡Sabes perfectamente que no puedes comer otra cosa que no te diga el doctor Alec!
- De acuerdo Isaac, no pasará más - Miré a Melanie que contemplaba la escena asombrada por lo cabreado que estaba el jefe de su manada - solo dame un segundo. - Me acerqué a Melanie como para decirle algo al oído pero en vez de eso le bese los labios con dulzura. Una sonrisa, un guiño de ojo. Me levanto- ya está, ya me puedo ir.
Poco después conocí a Isaac, el jefe de la manada de la residencia Moonlight, cerca de Nueva York. Allí conocí a Kyle y Mia, mis compañeros de habitación, a Melanie, una de las muchas chicas que estaban enamoradas de mi en la residencia, claro que tampoco puedo olvidar mencionar a Jason, un chico que había roto más de una pierna. Dos meses llevaba viviendo allí, supongo que ya lo consideraba mi hogar.
- ¡Alec arriba! - me zarandeó Kyle con impaciencia - ¡Como no te levantes te juro que te tiro encima un cubo de agua! - entreabro los ojos y allí está él me mira con unos ojos verdes llenos de vida y el cabello castaño le caía sobre los ojos, debería cortarse el pelo.
- ¿Que quieres pesado? - me quejé medio dormido procurando no cerrar los ojos.- estaba durmiendo - el chico sonrió y me entregó un trozo de papel cuidadosamente doblado en un principio, pero al parecer después habían arrugado, cosas de Kyle - ¿Qué es esto?
- Lee, es de Melanie - en el papel se podía leer mi nombre con una letra que obviamente no era de Kyle.
Abrí el trozo de papel y comencé a leer:
Para Alec Mckenzie,
Alec, me lo pasé muy bien el otro día en el jardín y cuando fuimos de caza, ¿Te apetece comer conmigo? Tengo que hablar contigo. Te espero a las dos en el jardín, no me falles. Un beso,
Melanie.
- ¿A qué viene tanto alboroto? - era Mia al salir del baño con el uniforme azul puesto.
- Alec va a... - al ver mi rostro comprendió que por ahora no dijese nada- a... desayunar y le estoy diciendo que ya almuerce, es casi mediodía. Pero parece ser que no puede vivir sin sus cereales.
- No creo que a estas horas haya cereales en el comedor - dice Mía sin mucho convencimiento de lo que le está contando Kyle.
- Es lo que yo digo - dice Kyle sonriente, parece orgulloso de su excusa.
Casi mediodía... Miro el reloj de la pared y marca las dos menos cuarto. Me levanto tan rápido que casi me choco contra la litera de arriba y me bajo tan rápido de la cama como puedo. La habitación tenía el suelo de parqué marrón claro, las paredes de color blanco llenos de pósters y fotos de Mia y Kyle, además de alguna que otra mía. Era una habitación cuadrada con dos literas en las paredes de los lados y en la pared que estaba frente a la puerta un escritorio con un televisor algo antiguo y la xbox de Kyle. Había otra puerta que daba al cuarto de baño. Junto a la puerta había cuatro armarios individuales algo pequeños dónde cada uno guardaba sus cosas aunque, cómo había un hueco libre en nuestra habitación, uno de los armarios lo utilizábamos para las cosas que no entraban ni en nuestros respectivos armarios ni en lo baúles de bajo la cama.
Cogí una camisa blanca que resaltaba mi piel morena y unos vaqueros algo desgastados. Mi pelo siempre quedaba alborotado, pero no le daba importancia, y las chicas, al parecer, tampoco. Miré el reloj, cinco minutos, lo justo para ponerme los zapatos y salir corriendo hacia el jardín, todo verde con caminos de una piedra blanca a llevaba a una fuente central y, bordeando los caminos, había bancos de piedra con multitud de gente que cuchicheaban a mi paso. Sonreí para mis adentros. Últimamente era el centro de atención y, por qué no decirlo, me encantaba serlo. Me acerqué a la fuente y divisé a una chica rubia, con el pelo ondulado y enormes ojos que eran puro verde. Su tez era casi translúcida y todavía se la veía mas blanca con aquel vestido celeste de tirantes. Bajó la mirada en cuanto me vio y se sonrojó, al ser tan pálida no podía ocultarlo. Era obvio que creía que no iba a ir. Cuando hube llegado abrió sus prominentes ojos, a diferencia de los míos los suyos desplegaban luz, no oscuridad, al igual que mi cabello.
- Pensé que no ibas a venir... - sonreí, había acertado.
- Bueno pues estoy aquí - una sonrisa tranquilizadora y amable curvó mi rostro.
- ¿Comemos? - preguntó señalando una cesta que estaba apoyada en el borde de la fuente. Asentí.
- ¿De qué querías hablarme? - dije mientras probaba un sándwich de atún. Delicioso.
- Yo... Bueno... - se puso roja mientras pelaba una manzana - quería decirte... Que me gustas. - me atraganté con el atún - supongo que no es nada nuevo ¿No? Además seguro que tienes una novia preciosa que...
- Melanie, ¿A caso no te das cuenta que resaltas sobre todas las demás chicas de la residencia...?
- ¡Sr Mckenzie! - Una voz grave y enfadada resonaba al otro lado del jardín, oh, no, Isaac. Avanzaba hacia nosotros y en nada de tiempo ya estaba frente a mi. - ¿Qué te dijo el señor Gilligan?
- Que descansara y no saliera de la habitación en unos días, la condición para dejarme salir de la enfermería - contesté con desgana medio tumbado en el césped aún con el sándwich de atún en la mano.
- ¿Y qué haces que no estás en tu habitación?- me quedé pensativo.
- Han pasado dos días, eso son unos días - en ese momento me taladró con su oscura mirada.
- ¡A tu habitación hasta que el doctor diga lo contrario! - Se me quedó mirando un segundo. - ¿Es eso un sándwich de atún? - asentí - ¡Sabes perfectamente que no puedes comer otra cosa que no te diga el doctor Alec!
- De acuerdo Isaac, no pasará más - Miré a Melanie que contemplaba la escena asombrada por lo cabreado que estaba el jefe de su manada - solo dame un segundo. - Me acerqué a Melanie como para decirle algo al oído pero en vez de eso le bese los labios con dulzura. Una sonrisa, un guiño de ojo. Me levanto- ya está, ya me puedo ir.