miércoles, 3 de diciembre de 2014

#Capítulo 17

Melanie tiene miedo a entrar. No sabe que esperar cuando abra la puerta, si seguirá siendo él o será un completo inválido... Toma aire y se pasa las manos por la cara, centrate Melanie, como hacías con papá. Todos sus sentimientos estaban a flor de piel y solo era capaz de mirar la puerta con desconfianza, en medio de un pasillo con otras tres puertas. Una de ellas daba a donde dormían Isaac y Gilligan, en otra dormían James y ella y, en una tercera dormía Leslie y Jessamine ya que, si Jess se ponía de parto, Leslie tenía ciertos conocimientos de medicina. Sin embargo os estaréis preguntando que pasa con Kyle y Mía, Mía estaba en el salón, completamente sedada y a puerta cerrada. Estaba prohibido que estuviera mucha gente en el salón y molestarla aunque, ya desde un principio todos nos mostramos respetuosos. Kyle era el que había bajado un colchón viejo y se pasaba allí las horas muertas observándola dormir. Y cuando necesitaba despejarse, se iba con Alec, al que Melanie no había tenido el valor de entrar a ver. Respira... Respira... Melanie abre la puerta y se sorprende de la normalidad de la situación, la habitación está como el salón, transformada totalmente en una habitación de hospital, pero todo parece normal. Alec tiene la espalda  tapada con una finísima sabana ensangrentada y descansaba boca abajo con un gotero en el brazo y algunos cables más. Cuando se acerca lentamente ve que tiene el mismo tubo en la nariz que Mía, el cual le ayuda a respirar. Está blanco como el papel siendo moreno, tiene grandes ojeras y parece haber perdido la vida. Pero no le impresiona, sige pensando que es normal, se obliga a pensarlo. Bajo sus espesas pestañas unos ojos oscuros me miran brillantes y puede sentir, incluso, la electricidad que hay entre ellos, la misma que había cuando se conocieron, la misma una y otra vez...
- estás preciosa... - dice con voz débil, desesperada y, para su sorpresa, pícara. Siente que lo hace queriendo, para mejorar la situación, para que ella se sienta mejor, para no parecer el incapacitado enfermo que no puede hacer nada.
- Como tú... - dice la chica con rostro tierno, alzando la mano para tocarle el rostro. Él ríe sin ganas sin apenas hacer ruido. A Melanie se le encoge el pecho, como si alguien hubiera ceñido su puño sobre él.
- y encima graciosa - los labios de Alec se curvan en una sonrisa.
- ¿Cómo te encuentras? - pregunta la chica de claros y brillantes ojos de princesa de sangre ardiente, pero su mirada es dulce y lo ama, está segura de ello. Pero le ha echo daño. No sabe si está loca o no, pero se puede amar a alguien que te ha roto por dentro. Se puede.
- Como... Si me hubieran dado - toma aire y se nota que le cuesta respirar y hablar - droga para elefantes.... ¿Y tu?
Melanie se pasa el rubio cabello detrás de la oreja y mira al lobo bajando la mirada. Sabe que ella no es el centro de sus pensamientos y menos de sus preocupaciones pero, al menos, se ha molestado en preguntar.
- Estoy bien, preocupada por ti... Y por Mía, supongo que Kyle ya te lo habrá dicho... - se pasa las manos por la cara y por la nuca - solo que no me creo que los dos estéis así. Ella se está muriendo y tú...
- Necesito... un corte de pelo - Melanie lo mira y curva los labios en una sonrisa.
- ¿Cómo? - el toma aire con dificultad y hace amago de sonreír, pero le cuesta. Ella se ríe y le pasa la mano por el cabello, lleno de polvo y ceniza. Tenía razón. El cabello le caía sobre los ojos y con el sudor se le pegaba a la nuca y a la frente. Él la mira suplicante, se moría de calor y, además, quería quitarle importancia a que cabía la posibilidad de que el tampoco saliera de aquella situación. - y ¿Cómo quieres que te lo corte?
- Corto... Pero más largo por... Arriba... Como los jugadores de fútbol... -  no podía decir la frase de una vez, se quedaba rápidamente sin aire y a Melanie el olor a sangre empezaba a marearla. Ella sonríe.
- Como los jugadores de fútbol. - entrecierra los ojos y se mira las manos - descansa un rato, voy a buscar unas tijeras.

lunes, 1 de diciembre de 2014

#Capítulo 16

Abro los ojos y todo parece estar algo turbio. Estoy boca abajo en una cama, no sé exactamente donde pero me viene un olor a acre, sangre y metal. Siento que no me puedo mover, o mas bien, no me siento. Tengo sed, hambre y estoy terriblemente confundido. No sé que ha pasado ¿O sí? No tengo ganas de pensar. Escucho una voz que llama alguien y a medida que pasan los segundos me volviendo más consciente de la realidad. Estoy en una cama en una habitación de suelos de madera completamente desnuda de muebles. No soy la única cama allí, pero sí la única donde hay alguien. Hay una silla a mi lado. Hay alguien sentado en esa silla con parte de la cara quemada  y con un aspecto horrible. Kyle. Sabe que le estoy mirando la quemadura, sonríe, a pesar de que le está matando de dolor me sonríe.
- Ahora si que parecemos unos auténticos guerreros - me susurra medio broma medio en serio. Kyle, siempre de broma aunque se esté muriendo por dentro, con esa sonrisa sincera y esos ojos puros y libres de maldad- pero claro, para presumir hay que sufrir ¿no?- me vienen a la cabeza aquellos tipos de la residencia, aquellos con heridas que se hicieron sin querer o que por las que alguien les hizo llorar que presumían de ellas como si fuera un logro o una azaña - ¿Cómo estás amigo? - cierro los ojos y respiro. Pienso en si puedo hablar, recordando la posicion de cada uno de los músculos al hablar.
- Donde estamos... - digo arrastrando las palabras, como si no tuviera movilidad en la musculatura bucal. Dudo si me ha entendido por un segundo pero me parece ver algo de tristeza en sus ojos.
- Puede parecer raro pero estamos en la casa del Doctor Gilligan. - no recuerdo que hubiera venido con nosotros pero, de momento, no le doy importancia al asunto, teniendo en cuenta que me había achicharrado - después de que te desmayaras pasaron muchísimas cosas. No acabó la cosa ahí y la residencia acabó destruida y hubo muchos muertos, demasiados - dice apretando la mandíbula. -  No creo que Mía se salve. - mi corazon se detiene de golpe, sin un sentido en especial, Mia, la que con su silencio tan buenos consejos me había dado, el verdadero amor de mi mejor amigo...Entonces empiezan a brotar lágrimas de sus ojos, desconsolados por la pérdida inminente- está abajo, una bala le alcanzó. Como a ti. Pero no la encontramos a tiempo. Nos siguió. No sabíamos que estaba allí - las lágrimas empiezan a superarle y acaba con los puños blancos y el rostro lleno de lágrimas transparentes. Mía se moría y un vuelco le dio a mi frío corazón.
Mi mirada busca la suya, también amenaza con emocionarse, pero no tengo derecho.
- lo... Lo siento Kyle... - digo con la misma voz y claridad nula de antes.
- Lo sé tío... Lo sé. Es una puta mierda ¿sabes? Tenía la esperanza de estar con ella, montar una familia quizás tener un par de críos. La quiero Alec yo... No estoy preparado para perderla. Y siento contarte esta mierda nada mas despertarte, me prometí que esperaría a que te mejoraras pero.... Si se va ella eres el único que me queda y se va a ir. No la has visto... Por suerte Jessamine está bien pero ella... Ella ya no parece ella, joder. La tienen sedada, dormida para que no sufra. Solo estamos esperando. Tendría que ocurrir un puto milagro para que ella sobreviviera. - nos quedamos en silencio un momento, tratando de pensar en qué demonios decir en un caso así.
- Tiene suerte de tenerte imbécil... - el ríe sin ganas, con el flequillo sobre la frente y el cuerpo tenso y agotado - Ve... No me voy a mover... - él me coge la mano durante un segundo para apretarla y volverla a soltar poniéndose en pie. Tenía que estar con ella. 
- Avisaré a Melanie de que estás despierto - se pasa el dorso de la mano x la cara para secarse las lágrimas - y, bueno, quizás quieras saber que Gilligan no cree que Jessamine vaya a aguantar más de esta noche para ponerse de parto. Suerte que te has despertado. - entrecierro los ojos. Ni siquiera me había acordado con el tema de Mía... Bienvenido a tu puta realidad Alec, ya has vuelto a casa.