domingo, 19 de enero de 2014

#Capítulo 13

La perdida de mi madre solo había echo hacerme polvo, pero cada vez tenía más claro mi objetivo. No iba a dejarme engañar por nadie, Isaac tenía que morir. Muchos pensarán como puedo matar a alguien que me ha sanado y alimentado y que, sea teatro o no, a demostrado algo de preocupación en mí. Yo lo pensé varias veces, me pregunté que bando era el bueno, si estaría haciendo lo correcto. Luego la imagen de mi madre se hacía paso en mi mente y todo lo demás se esfumaba para reemplazarlo por una idea, la muerte del que había causado la de mi madre. Aquella imagen no desaparecía de mi mente, se habría paso una y otra vez haciendo que mi corazón se encoja y mis ojos me escuezan. Me niego a llorar. Respiro profundamente y me hago el dormido en los dos últimos asientos de la furgoneta, medio tumbado con los pies en el asiento y con la parte de arriba del cinturón quitada para que no me roce la herida.
Kyle ha bajado de la furgoneta y, junto con Jessamine y Anthony, han ido a por medicamentos a la farmacia para coger prestados algunos analgésicos para mí y para Jessie. Mi madre había sido muy clara en que necesitaba algunos para ella. Los esperábamos con el motor en marcha y, sin que ellos se percataran, escuchaba su conversación con la mente algo nublada.
- ¿Cómo crees que le ha afectado la muerte de Margaret a Alec? - le pregunta Thomas a Marie con voz preocupada.
- Es difícil saberlo - dice ella con cierta añoranza en su voz. Melanie estaba en uno de los asientos junto a Leslie, no cruzaban palabra pero se olía incluso con los ojos cerrados los nervios de cada una - No suele mostrar sus sentimientos en público, pero no creo que sea fácil para él perder a su madre dos veces en tan poco tiempo. - se me erizan los bellos de la piel. Sí, ella también lo decía, había muerto de verdad no era una pesadilla.
Escucho a gente entrar atropelladamente y a Kyle gritarle a Thomas que pisara el acelerador. Abro los ojos alarmado por el escándalo. Tienen las medicinas. Kyle me mira y me sonríe cuando de la bolsa saca una caja y me la lanza para que caiga en mi regazo.
- No queremos a ni un Alec más por aquí así que más te vale usarlos - miro hacia la caja y contengo una carcajada al ver la caja de preservativos mientras el coche va a toda velocidad. Empiezan a sacar los objetos de su adquisición y veo que no solo han cogido medicamentos, también pañales, un par de latas de leche en polvo, un biberón y algunos chupetes como del tamaño de la mitad de una nuez. Se me hace un nudo en la garganta. No había asumido aquello de ser padre. Mucho menos que fuera Jessamine su madre. Pero lo que me costaba asimilar era que todo fuera tan deprisa.
- ¿Has visto Alec? Es diminuto... - dice Jessamine observando uno de los chupetes en su respectiva caja.
- Sí... es todo... genial. - digo, sin saber muy bien el sentido de mis palabras. Miro hacia la ventana y veo que nos alejamos de la carretera principal.
- Oliver nos espera con los otros seis líderes principales - dice Thomas - en teoría no deben estar lejos. Tan solo a hora y media de la ciudad.
- ¿Se parecen mucho Alec y Oliver? - pregunta Leslie sujetándose al asiento del conductor para no caer. Mi madre ríe con aquella voz tan característica de duendecillo.
- Bueno querida, digamos que lo único que se les diferencia es aquella herida en el hombro. Incluso a mí me costaba distinguirlos.
Una hora más tarde entrabamos en un claro con el coche lleno de barro y el estómago revuelto por los baches dónde encontramos al borde del bosque a siete personas sentadas a la sombra de los árboles. Espero a que todos bajen y luego bajo yo, no sin esfuerzo y rechazando la ayuda de mis amigos. Tenía que ser fuerte ante los demás lideres, no pensaba ser menos por una herida. Tenía la chaqueta abrochada y las mangas remangadas, el cabello revuelto y un sentimiento muy profundo de pena cuya presencia trataba de obviar. En cuanto miré a las seis personas supe en seguida que el chico moreno de ojos oscuros, cabello largo, alto y fornido era mi hermano Oliver.
- Piel febril, ojos brillantes, piel ligeramente cubierta por una capa de sudor... Padre este chico debe estar en la cama no en la guerra - dice Oliver apoyado contra un árbol con una camiseta blanca con letras negras que ponía el número 23 en un tamaño considerable.
- Oliver - dice en tono acusador, este suspira y deja caer los hombros - Alec él es Dante - dice señalándome a un hombre muy delgado sentado en el césped rapado y con los ojos achinados y de un color de piel algo...verdoso- Ella Marlene - el hada resultaba parecer una chica totalmente normal, excepto por aquellos ojos totalmente negros que eran, como poco, perturbadores - Trevor - era un chico fornido de piel con toques azulados como el mar con el reflejo del sol y con rasgos finos y perfilados, de cabello rojizo y ojos marrones y, bajo una camiseta de manga corta dejaban ver alguna que otra escama tras los brazos. - Channel - una chica muy alta de espalda ancha con el cabello tan oscuro como la brea  y ojos del mismo color con complicados tatuajes grabados en la piel de color negro, daba un aspecto algo aterrador para provenir de un ángel - Samantha tenía un aspecto más normal, vestía con unos vaqueros y una camisa blanca que le llegaba hasta el muslo, de piel oscura y cabello negro rizado, de unos felinos ojos verdes. Todas aquellas personas parecían temibles e inspiraban terror en comparación a un muchacho que conoce su naturaleza desde hace cuatro meses aproximadamente, herido de bala y sentimentalmente y con más preocupaciones que el Santo Obispo. No tenía ya suficiente con el bebé con que ahora tenía que dirigir con seis desconocidos un ejército, la parte buena de todo era que era para matar a Isaac. - Chicos, él es mi hijo, Alexander, dirigirá a los lobos que hasta ahora no han tenido una figura de líder excepto un poco la de Sam que se encargará de llevarle ante los suyos.
Agradezco a Dios que fuera Sam y no Channel la que me llevara ante mi nueva manada. Era la que menos respeto me daba a pesar de aquella mirada con la que parecía querer cazarte de un momento a otro.
- Más te vale parecer que estás entero si no quieres que los lobos te coman - trago saliva ¿De verdad Thomas pensaba que iba a ser capaz de hacer eso?
- Yo si fuera él tendría cuidado mientras duerme - dice Dante con los labios curvados en una sonrisa.
- ¿Tan débil me creéis? - pregunto sonriendo haciendo caso omiso de el ligero mareo que iba de un lado a otro en mi cabeza.
- Chaval, hasta una marea baja podría arrastrarte al fondo del mar - dice desafiante el chico pez, Trevor. - Río y me cuadro de hombros acercándome a él sacando los colmillos de lobo de sus fundas y gruñéndole en la cara le digo:
- Si tan seguro estás... pruébame. - siento un dolor en el brazo. Mi hermano me ha separado de él a empujones y me tira contra Kyle.
- Los lobos seguid a Samantha, - dice Thomas con tono autoritario, él parecía llevar la voz en todo este asunto y ellos parecían respetarle - Jessamine, tú quédate con nosotros por el momento.
- No - le discuto, los demás parecen sorprendidos por mi atrevimiento. Por mucho que me molestara Jessie, era la madre de mi hijo, no iba a perderla de vista. Kyle me coloca una mano pesada en el hombro - Ella viene - Quizá podría estropear algo más mi relación con Melanie, pero lo pensé demasiado tarde. Tampoco había pasado por alto la mirada incómoda de mi hermano en Melanie. Me apetecía pegarle un buen puñetazo en el ojo para que aprendiera donde había que mirar. Pero allí yo era el nuevo. Ya lo arreglaría.
- Alec... - comienza a decir Marie con un tono dulce y aniñado.
- ¡Jessamine viene conmigo he dicho! - mis nervios estaban a flor de piel y los hacía notar.
- He, novato - dice mi hermano - trátalos con un poco de respeto, también son mis padres.
Sonrío y cojo del delgado brazo a Jessie, seguida de Leslie, Melanie, Kyle y Mia que iban completamente en silencio. Los lobos vivían en un cercado de cabañas exactamente iguales entre dos grandes piedras con mucho follaje dónde quedaban cubiertos de ojos curiosos. Era algo aterrador y hermoso al mismo tiempo. Casas de madera con pequeños porches y chicos y chicas de todas las edades saliendo de sus casas color madera. Sin embargo, en los jardines había cadenas de hierro enormes, y a mi me daba que no eran precisamente para el perro, se podían apreciar algún que otro rastro de sangre lo cual me hacía temblar de la cabeza a los pies. Miro el rostro de cada uno de ellos e intento imponer, normalmente no hacía falta pero debido a mi precario estado de salud no me quedaba otra que soportarlo. Llegábamos a la multitud y ésta se abría paso para que pudiéramos pasar. En su rostro podía ver sufrimiento y dolor, no solo en personas adultas sino en niños, ancianos y cualquier persona allí presente. Solo necesitaban un abismo de esperanza.
- Te toca hablar - me dice Sam mostrándome un pequeño estrado de madera. Al ver el pueblo desde allí arriba podía comprobar que era algo similar a un pueblo del oeste. Mi corazón palpitaba con fuerza y tragué saliva. No había micrófono pero no lo necesitaba, todo permanecía en silencio.
- Sé que muchos no confían en mí - admito mirando a alrededor intentando memorizar cada una de sus caras desesperadas - creéis que soy débil. No os culpo. Hace tan solo cuatro meses era un chico de instituto cuya mayor perspectiva en la vida era llegar a las semifinales con el equipo de Rugby. Tenía montones de amigos, novia y un coche nuevo. Isaac me lo arrebató todo. Era feliz y él se quedó con mi felicidad remplazándolo por odio, odio a mí mismo. Sé que no os importa mi vida, ser lo que soy constaba en mi ADN, muchos de vosotros ni soñabais con ser una criatura como un ser lobo. - ¿Cuántas personas había allí? ¿Doscientas?¿Trescientas? - Pero ambos tenemos una meta, a todos los presentes nos arrebató parte de nuestra vida. Quiero recuperarla tanto como vosotros. He estado dentro de su residencia, sé lo que hace, era su mano derecha y he pasado muchas horas a su lado. Ahora mi mayor meta es matarlo, y os ayudaré a vengaros por tantas otras cosas horribles que os ha echo. - Bajo del escenario y le pido a Kyle un cuchillo. Él no me lo entrega pero Sam no duda un segundo en dármelo. Subo al escenario y coloco la hoja del cuchillo sobre la palma de mi mano. La cierro en un puño y la sangre empieza a gotear por el mango. Había perdido mucha sangre, un poco más no pasaría nada. - ¡Yo, - digo alzando la voz- Alexander Ethan Mackenzie, os juro, como líder de los hombres lobo, que acabaré con la vida de ese miserable!
Un grito de ovación al que se le unieron todos los demás. No es otra que Melanie la que sube con un pañuelo de tela para arrebatarme el cuchillo sangrante y examinar la herida completamente alarmada.
- ¿Me perdonas? - le susurro mientras ella limpia a toques la herida abierta. Era mas profunda de lo que esperaba pero no me dolía. Ella me mira y alcanzándome del cuello me besa en los labios con dulzura. Puedo sentir el sabor a sal de sus labios, el aroma a almizcle de su cabello y la mirada clavada de Jessamine en nosotros. No me gustaba tener público, pero, por un momento, teniendo entre mis brazos a la mujer que amo, lo demás me traía sin cuidado. No la dejaría marchar, no podía, no quería, necesitaba de sus labios, de su piel, de su voz, de su olor. Necesitaba un poco de su dulzura en mí y no dudé un instante en decirle cuanto, cuanto la quería.

No hay comentarios:

Publicar un comentario